El río Manzanares, a su paso por los materiales miocenos de la Cuenca del Tajo, ha modelado durante el Cuaternario un amplio sistema de terrazas fluviales. En ellas se han localizado numerosos yacimientos paleontológicos y arqueológicos del Pleistoceno, con abundantes restos de fauna como elefantes, rinocerontes y osos de las cavernas, además de una importante industria lítica paleolítica.
Entre todos ellos destaca el yacimiento de San Isidro, considerado uno de los enclaves prehistóricos más relevantes de España. Se encontraba en una antigua cantera situada entre la ermita y el cementerio de San Isidro y los cementerios sacramentales de San Justo y Santa María, en el actual distrito madrileño de Carabanchel. El depósito ocupaba una terraza fluvial cuya base se situaba unos 30 metros sobre el cauce actual del Manzanares y cuyo techo alcanzaba aproximadamente los 45 metros.
El yacimiento fue descubierto el 30 de abril de 1862 por el ingeniero Casiano de Prado, junto con los prestigiosos geólogos franceses Édouard de Verneuil y Édouard Lartet. Durante la segunda mitad del siglo XIX y los primeros años del XX fue objeto de numerosas investigaciones, atrayendo a especialistas nacionales e internacionales. Como consecuencia de estas excavaciones, y también porque los propios obreros de la cantera vendían directamente las piezas halladas a los investigadores, los materiales quedaron dispersos entre diversos museos españoles y extranjeros, dificultando posteriormente su estudio.
Además de los abundantes restos de fauna pleistocena y de la industria paleolítica, en el yacimiento también se documentaron fósiles de fauna miocena en la base de la terraza y materiales neolíticos en los niveles superiores.
Con el fin de ordenar la abundante y, en ocasiones, confusa información existente, Paul Wernet y José Pérez de Barradas publicaron en 1926 un exhaustivo estudio crítico que recopilaba más de sesenta trabajos sobre el yacimiento. En él señalaron que la cantera ya estaba agotada y abandonada, con los antiguos cortes cubiertos por derrubios que impedían observar su estratigrafía.
Aunque las fotografías aéreas tomadas entre 1927 y 1956 todavía permitían identificar la ubicación aproximada de las antiguas canteras, la inauguración del Parque de San Isidro en 1970 supuso el enterramiento definitivo del yacimiento. La terraza fluvial sobre la que se asentaba se prolonga bajo el actual Tanatorio de San Isidro y, probablemente, también bajo el Cementerio Sacramental de Santa María.
Otro yacimiento de características similares y gran interés histórico apareció en 1958 junto a la estación de ferrocarril de Villaverde, en unos terrenos de la empresa TRANSFESA. Allí se recuperaron numerosos fósiles, entre ellos el esqueleto casi completo de un elefante, así como una destacada colección de industria lítica, conservada en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

Comentarios
Publicar un comentario