Una nueva escultura, encargada por un hotel de lujo, adorna el corazón de Madrid y no ha pasado desapercibida. Se trata de un caballo estilizado de bronce que, desafiando la gravedad, parece flotar en el aire, sostenido por una sola pezuña desde un pedestal muy alto que, aparentemente, nunca lo sostiene. Este monumento alcanza una altura total de 6 metros. "El Rumor de la Discordia" es un nombre apropiado para esta obra, ya que está generando debate entre los madrileños. Algunos cuestionan su valor artístico, mientras que otros opinan que, al estar ubicada en una zona concurrida por vehículos y peatones, esta instalación podría "suponer cierto peligro". Dado el nombre de la escultura, es evidente que esta controversia ha sido intencionada. Su creador, el mexicano Gonzalo Lebrija, quien suele trabajar con el equilibrio y la ingravidez, ha declarado que con este equilibrio imposible buscaba generar debate y "representar la fragilidad y la incertidumbre simultáneamente". No cabe duda de que esta nueva escultura, «el caballo flotante», como la han apodado rápidamente los madrileños, se convertirá en un nuevo icono del paisaje de la ciudad.
Una nueva escultura, encargada por un hotel de lujo, adorna el corazón de Madrid y no ha pasado desapercibida. Se trata de un caballo estilizado de bronce que, desafiando la gravedad, parece flotar en el aire, sostenido por una sola pezuña desde un pedestal muy alto que, aparentemente, nunca lo sostiene. Este monumento alcanza una altura total de 6 metros. "El Rumor de la Discordia" es un nombre apropiado para esta obra, ya que está generando debate entre los madrileños. Algunos cuestionan su valor artístico, mientras que otros opinan que, al estar ubicada en una zona concurrida por vehículos y peatones, esta instalación podría "suponer cierto peligro". Dado el nombre de la escultura, es evidente que esta controversia ha sido intencionada. Su creador, el mexicano Gonzalo Lebrija, quien suele trabajar con el equilibrio y la ingravidez, ha declarado que con este equilibrio imposible buscaba generar debate y "representar la fragilidad y la incertidumbre simultáneamente". No cabe duda de que esta nueva escultura, «el caballo flotante», como la han apodado rápidamente los madrileños, se convertirá en un nuevo icono del paisaje de la ciudad.







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